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30 de enero de 2017

Icki: “Tenemos que ser la alternativa para todos los que defienden la vida”


nro. 4 / 27 ene 2017
#entrevista  
en memoria de Darío "Icki" Julián 
Tras varios días de internación y operaciones, falleció Darío “Icki” Julián, amigo, compañero y dirigente del MPLD. Nunca pudo reponerse del balazo que recibió en febrero de 2016 a manos de un puntero de Villa Celina del partido gobernante PRO, de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal. Cuando parecía que el tercer balazo recibido en su vida era asunto del pasado, “Icki” habló para la radio “La Tribu”. Allí, hizo un llamado abierto a crecer como organizaciones populares en todos los barrios y a transformarse en una alternativa contra las mafias territoriales.

“Icki” vivía en Villa Celina, partido de La Matanza. Tenía 39 años. Dos hijos: un pibe de veinte, una niña de siete. Una compañera. Era grandote, rubión. Había nacido en Salta y a los cinco años había recaído con su familia en la localidad matancera. Entre crisis social, changas y laburo, no había terminado el secundario (que luego terminó en el bachillerato popular La Dignidad en Villa Soldati), pero en el secundario había participado de la organización del Centro de Estudiantes para reclamar por las viandas: plenos años 90. El balazo que recibió en febrero de 2016 no había sido su primero. Durante la represión ordenada por De la Rúa en diciembre de 2001, que terminó con casi cuarenta asesinados, recibió un balazo en la cintura. Seis meses más tarde, en el Puente Pueyrredón, la policía asesinó a Darío Santillán y a Maximiliano Kosteky. Allí, “Icki” fue uno de los 33 heridos con bala de plomo. Esa vez fue en la rodilla.


Cuando el puntero del PRO de Villa Celina lo llamó, cuando él se acercó y el sicario le metió un balazo en el pecho, “Icki”, sus compañeros y organizaciones del barrio, peleaban por abrir un jardín comunitario (hoy abierto y se llama “Juanito Laguna”). También luchaban por frenar un negocio inmobiliario que el Instituto de Vivienda de la Ciudad de Buenos Aires (IVC) tenía armado en 17 hectáreas del barrio Vicente López y Planes, allí, en Celina. Ese 12 de febrero de 2016, cuando empezaba a sentirse la suelta de perros de la nueva gestión PRO, una asamblea había comenzado a planificar un festival para recaudar fondos. El entonces intento de asesinato fue premeditado e intencionado: “dejense de joder con las tierras”, amenazó el sicario desde la vereda de enfrente, antes de regresar y darle a “Icki” a quemarropa, cobardemente. El puntero se escondió en una sociedad de fomento, vinculada al negociado del IVC, es conocido y está vinculado a los entonces funcionarios macristas de este instituto porteño, Iván Kerr y Emilio Basavilbaso (hoy, director de la Anses).

En Villa Celina, como en todos los territorios donde quedan hectáreas sin poblar, en los últimos años, el negocio inmobiliario lo acaparó todo. No fue un proceso planificado y organizado. No hubo polideportivo, jardines municipales, plazas ni otros espacios recreativos y educacionales para los jóvenes. De las décadas de crisis a las del boom consumista: lo que crecieron fueron los asentamientos, el poder de la policía y de las mafias, el negocio de las tierras, los talleres clandestinos y la droga. Hace menos de un mes, cuando las mafias asesinaron en Moreno al compañero del MPLD, César Méndez y poco antes de caer él mismo internado, “Icki” había denunciado: “Lamentablemente esa gente está instalada para destruir todo lo bueno que tienen los barrios y quieren impedir que se organicen. Su actitud es de amenaza y agresión hasta tal punto de matar a nuestros compañeros. (…) actúan con la venia de las fuerzas de seguridad, de la Bonaerense. Por parte del poder político hay desidia.”

El territorio es complejo. Los negocios y las mafias no se presentan con galera y bastón. Se acercan disimuladamente y penetran el barrio. Cuando te querés dar cuenta, están adentro, con “soldaditos” vendiendo droga, vecinos convencidos de las oportunidades del negocio de la tierra, punteros apretando y dando, y la policía controlando… el negocio. Eso es todo cuanto del Estado se ve y siente. “Lo único que vale es la violencia. México, Colombia, es el lugar a donde nos quieren llevar, a donde sólo la violencia es la madre que ordena las cosas. Si tengo una ametralladora, mando en el barrio”, advirtió “Icki”, y también señalaba: “toda esa lógica hay que cortarla con construcciones sociales que son herramientas políticas, para frenar ese avance de la cartelizacion inhumana que nos plantea el capitalismo en los barrios”.

El entonces intento de asesinato de “Icki” disparó la creación de una comisión investigadora de violencia en los territorios, un espacio para entender las lógicas y dinámicas de estos negociados. El asesinato de César Méndez y la muerte de “Icki” acelera la necesidad de avanzar con este desafío e instalar el problema en el debate público. “Icki” era un luchador social, un militante incansable, de los imprescindibles, de los que creían que la organización de la comunidad y la construcción de poder territorial son fundamentales para poner freno al crecimiento de las estructuras de poder criminal que pretenden gobernar nuestros barrios. Por sobre todas las cosas, era un tipo bueno, sencillo y honesto, que amaba a su barrio y a su gente. Resuena su exhorto: “El desafío es crecer donde más podamos, tenemos que entrar en todos los barrios, ser la alternativa para toda la juventud, para la madres solteras, para todos los parias que nadie quiere organizar, que a nadie les interesan, porque sino se nos mueren. Frente al enemigo, que es la muerte, todos los que defendemos la vida tenemos que estar juntos”.